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Drosophila, ese pequeño y estúpido saprótrofo.

Érase una vez en la Antártida

Los ostrácodos son crustáceos pequeños, de tamaños comprendidos entre los 0,25 milímetros de Microcythere minuta y los 25 milímetros de Gigantocypris agassizi, aunque lo normal es que ronden entre los 0,5 y 2,5 milímetros. Han colonizado hábitats marinos, de agua dulce e incluso medios terrestres húmedos. A pesar de ser artrópodos, no presentan un característico cuerpo segmentado, sino que está contenido, al igual que sus apéndices, en un caparazón bivalvo cuyas valvas están unidas dorsalmente por un ligamento elástico.

Se conocen unas 60.000 especies, 30.000 de ellas fósiles (que se remontan al Cámbrico), lo que los convierte en los artrópodos más abundantes del registro fósil. Su pequeño tamaño y su caparazón fuertemente calcificado han sido factores determinantes que han facilitado su fosilización; si bien sus partes blandas apenas se han preservado. Por ello, la clasificación de las especies fósiles se basa prácticamente en la forma del caparazón.

Fósil de Lacalgida avia Fósil de Lacalgida avia. Estos ostrácodos de menos de 1 milímetro de largo que datan de mediados del Mioceno (hace 14 millones de años) están tan bien preservados en goethita y pirita que se puede apreciar todos sus tejidos blandos, incluyendo las patas y partes de la boca, en la parte derecha de la imagen.

Lacalgida avia sería otro fósil más de ostrácodo si no fuera por tres características que lo hacen único. La primera es su extraordinario estado de preservación; la segunda, que procede de un paleolago de los Valles Secos de la Antártida; y la tercera, que data de mediados del Mioceno, hace 14 millones de años.

La Cordillera Olympus y los Valles Secos de McMurdo La Cordillera Olympus y los Valles Secos de McMurdo. La Cordillera Olympus se encuentra en en sector de los Valles Secos de los Montes Transantárticos, al oeste del Estrecho de McMurdo, en el Mar de Ross. Los fósiles de Lacalgida avia se hallaron en el paleolago Boreas, entre el Monte Boreas y el Monte Aeolus, en el extremo occidental de la Cordillera Olympus.

Con unos 4800 kilómetros cuadrados, los Valles Secos de McMurdo, constituyen la mayor extensión de la Antártida relativamente libre de hielo y se caracterizan por un paisaje con lagos cubiertos con una capa de 3 a 6 metros de hielo, lo suficientemente gruesa para que no se descongele, pero lo suficientemente fina para permitir que se dé la fotosíntesis, riachuelos intermitentes, amplias zonas de suelo expuesto y salino, temperaturas entre 14,8 y 30ºC bajo cero, sequedad comparable a la de un desierto y nevadas tenues. Además de ser el ambiente en la Tierra más parecido al de Marte, suponen el hábitat de microorganismos, pequeños invertebrados, cianobacterias y algunos crustáceos como los copépodos. Para encontrar los ostrácodos vivos más cercanos hay que ir a las Islas Orcadas del Sur, 17 grados más al norte que donde se han encontrado los fósiles.

El Monte Boreas (esquina superior derecha), al oeste de la Cordillera Olympus El Monte Boreas (esquina superior derecha), al oeste de la Cordillera Olympus. El paleolago Boreas se encuentra a la izquierda de la montaña. Fotografía de Adam R. Lewis, uno de los investigadores que firman el artículo.

Una de las manifestaciones de la paradoja antártica es que, a pesar de ser el continente más inhóspito de la Tierra con su clima gélido y una capa de hielo de 4 kilómetros de espesor, los fósiles que se han encontrado indican que hace 85 millones de años, durante el Cretácico superior, tuvo un clima más cálido y una densa vegetación aunque ocupaba más o menos la misma posición que en la actualidad. Después del Paleoceno, hace 60 millones de años, el clima se fue haciendo cada vez más fresco y a mediados del Mioceno, si bien la temperatura era unos 30ºC más alta que en la actualidad, la Antártida se había convertido en una tundra. El lago Boreas y sus alrededores, habitados por una amplia variedad de fauna y flora que incluía plantas vasculares, musgos, algas diatomeas, gorgojos y ostrácodos que pudieron llegar allí transportados por las aves, constituyeron el último reducto de este ecosistema subglacial.

Palabras clave: La imagen de la semana, Paleoentomología

Referencias

Exceptionally preserved lacustrine ostracods from the Middle Miocene of Antarctica: implications for high-latitude palaeoenvironment at 77°south
Mark Williams, David J. Siveter, Allan C. Ashworth, Philip R. Wilby, David J. Horne, Adam R. Lewis y David R. Marchant. 2008. Proc. R. Soc. B., edición online.
Mid-Miocene cooling and the extinction of tundra in continental Antarctica
Adam R. Lewisa, David R. Marchanta, Allan C. Ashworthc, Lars Hedenäse, Sidney R. Hemmingf, Jesse V. Johnsong, Melanie J. Lengh, Malka L. Machlusf, Angela E. Newtoni, J. Ian Rainej, Jane K. Willenbringk, Mark Williams y Alexander P. Wolfem. 2008. Proc. Natl. Acad. Sci. USA 105(31), pp. 10676-10680.
Major middle Miocene global climate change: Evidence from East Antarctica and the Transantarctic Mountains
Adam R. Lewis, David R. Marchant, Allan C. Ashworth, Sidney R. Hemming y Malka L. Machlus. 2007. GSA Bulletin 119(11/12), pp. 1449-1461.
100 million years of Antarctic climate evolution: evidence from fossil plants
J.E. Francis, A. Ashworth, D.J. Cantrill, J.A. Crame, J. Howe, R. Stephens, A.-M. Tosolini, y V. Thorn, V. 2008. Antarctica: A Keystone In A Changing World (A.K. Cooper, P.J. Barrett, H. Stagg, B. Storey, E. Stump, E. y W. Wise, eds.), pp. 19-27, Proceedings of the 10th International Symposium on Antarctic Earth Sciences, Washington, DC, The National Academies Press.
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